Un breve paso por la historia: cómo nacieron las tarjetas de crédito

Por Equipo Santander Post | 26-10-2021 | 6 min de lectura

Desde sus orígenes hasta el día de hoy, un recorrido por su evolución. Cuándo se creó, de quién fue la idea y cómo se masificó su uso.

A lo largo de la historia de las tarjetas de crédito, desde su nacimiento hasta el día de hoy, hay un punto de inflexión que permitió masificar el uso de esta herramienta. Ese antes y después tiene nombre y apellido: Forrest Parry. Se trata de un ingeniero estadounidense de IBM a quien se le atribuye la colocación de la cinta magnética en la parte posterior de la tarjeta que contiene la información del titular.

Esto ocurrido en la década del 60’ motorizó la utilización de la tarjeta de crédito como forma de pago. Sin embargo, si bien Parry fue un hito dentro de la evolución de la herramienta, hubo vida antes de él.

El concepto de crédito tiene su origen en la historia antigua, en la Mesopotamia hace más de 5 mil años. Comprar algo en el momento y pagarlo después, era moneda corriente desde aquel entonces.

Las primeras versiones de las ‘tarjetas’ a los locales llegaron en el Viejo Oeste. Los comerciantes emitían productos -monedas de metal o platos pequeños- a los agricultores y ganaderos que no tenían el dinero por adelantado para comprar los suministros. Conforme los granjeros cosechaban y vendían, reembolsaban al comerciante. Luego, el tiempo hizo que estos productos evolucionaran hasta tomar la forma que hoy tienen.

El origen del concepto moderno

La tarjeta Diners Club es considerada como el nacimiento de la tarjeta de crédito moderna, allá por los años 50’. Su fundador, Frank McNamara, y su socio, Ralph Schneider, dieron vida a esta tarjeta con un funcionamiento innovador para aquel entonces: a la hora de ir a comer, quienes tuvieran la tarjeta cargarían su comida a ésta y el restaurante enviaría la factura a Diners Club. Este último enviaría el pago directamente al banco del restaurante, cobrando una pequeña comisión por la transacción. Los titulares de tarjetas debían pagar su factura en su totalidad cada mes a Diners Club.

Esta tarjeta aún no era de plástico como las que usamos hoy, sino de cartulina. En el anverso figuraba el nombre del dueño de la tarjeta, su firma, la fecha de validez y la marca Diners Club. Los fundadores ofrecieron esta tarjeta a sus amigos y conocidos, en total, unas 200 personas y fueron 14 restaurantes de Nueva York y sus alrededores los que aceptaron su utilización como medio de pago. Los socios de Diners Club pagaban una cuota anual de tres dólares y como eran conocidos en los restaurantes bastaba su firma como promesa de pago.

Por aquel entonces, American Express también se metía de lleno en este mundo. Los orígenes de la empresa estuvieron ligados al transporte de carga para después enfocarse en el negocio de los giros postales y cheques de viajero. Y fue en 1958 que la compañía emitió su primera tarjeta de crédito, que permitía a los clientes pagar su factura mensualmente a cambio de una tarifa anual. Los comerciantes que aceptaron la tarjeta pagarían a American Express un porcentaje del monto cobrado, un precursor de la práctica ampliamente utilizada hoy en día conocida como el arancel.

Innovación y evolución de las tarjetas

Forrest Parry y sus cintas magnéticas, que permitían que los consumidores puedan pasar la tarjeta en la terminal de punto de venta, fue un hecho importante en la historia de las tarjetas pero no fue el único. En 1984 se desarrolló en Francia una tecnología más segura. Es que, si bien el invento del ingeniero de IBM permitió la popularización de la herramienta, hizo también que los estafadores pergeñaran sus propios mecanismos para hacer cargos falsos con las tarjetas de otros.

Por eso, años después, en Francia se integraron microprocesadores en las tarjetas, los cuales podían ser leídos por terminales de pago especializados. Ya para 1994, todas las tarjetas francesas, ya sean de débito o crédito, usaban esta tecnología que, a su vez, se complementó con la utilización de un PIN o número de identificación.

Al poco tiempo, cuando otros países comenzaron a imitar el ejemplo francés, se tornó vital la estandarización de un sistema de pago que permitiera que cualquier tarjeta pudiera ser leída en cualquier parte del mundo. Fue así que, en 1994, tres procesadores de pagos internacionales como Europay, MasterCard y Visa comenzaron el desarrollo de una especificación de chip global para sistemas de pago.
La evolución siguió y al poco tiempo llegaron los sistemas de pago sin contacto -o contactless- e incluso fue posible almacenar la tarjeta de crédito en smartphones. Y la transformación de esta herramienta continúa y continuará.

El uso en Argentina

Fue en la década del 60’ que desarrollaron tarjetas de crédito de uso internacional: BankAmericard (VISA), Interbank Card Association (MasterCard) y American Express. De todas formas, su uso extendido en la Argentina empezó a consolidarse en la década de los 80’.

Las economías más fuertes son las que poseen la mayor penetración de tarjetas de crédito. En el continente americano, los países que lideran el ránking son Estados Unidos, Brasil y Canadá con valores por encima del 60%. Por su parte, Argentina está en la quinta posición, por debajo de Chile , con una inserción del 35%, señaló un informe de Ignis.

Según datos que se desprenden del documento, la existencia de tarjetas de crédito en Argentina se incrementó en un 23% en los últimos 7 años (6,5 puntos porcentuales), aumentando su presencia en todos los segmentos demográficos, tanto en los distintos niveles socioeconómicos como entre los distintos segmentos etáreos, géneros y ocupaciones.

A pesar de este incremento, remarcó el informe, quienes poseen tarjetas de crédito son preponderantemente consumidores de entre 35 y 54 años que trabajan y son de niveles socioeconómicos altos. Sin embargo, no son los únicos.

Es que desde 2017 que el Banco Central habilitó que los adolescentes menores de 18 años se unieran al sistema financiero. Ya sea para recibir el pago de su mensualidad, extraer efectivo, realizar pagos en comercios o hacer inversiones, se trata de un fenómeno que ha ido en aumento desde su implementación.

Para facilitar su administración y aprendizaje, los padres los acercan a las distintas propuestas digitales en el mundo financiero. Una de ellas -entre varias existentes- se encuentra NOVA de Santander. Es una tarjeta recargable para que adolescentes de entre 13 y 17 años puedan realizar compras online y presencial, retirar efectivo o recargarla desde la App o desde OLB, entre otras transacciones. Es gratis, sin mantenimiento de cuenta, contactless, internacional y posee beneficios exclusivos.

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