Roberto Jasinski, la importancia de revalorizar la educación en casa

Por Equipo Santander Post | 27-05-2021 | 8 min de lectura

La cuarentena impactó en los estudiantes como en pocos sectores. En medio de la preocupación de millones de padres y madres, el experto en educación digital reflexiona sobre el tema y da consejos sobre cómo afrontar la situación.

Sobrio, sincero y contundente. Así se muestra Roberto Jasinski, experto en educación digital. Lleva casi dos décadas investigando cómo mejorar los cursos en línea e implementar proyectos educativos en Internet a nivel profesional. Sin embargo, no le tiembla la voz cuando dice que la “presencialidad nunca podrá ser emulada” y que la Pandemia enseñará a la humanidad a recuperar el rol de las familias en la educación.

El experto argentino, una autoridad regional sobre educación profesional digital, advierte que la generación actual sufrirá las consecuencias de un cambio de modelo educativo sin precedentes, pero que eso no quita el enorme poder transformador que tiene el acceso a la educación. Plantea la necesidad de reformar la escuela, como fórmula para mejorar la calidad de vida de las personas y favorecer el desarrollo humano.

Jasinski es Licenciado en Administración de Empresas y cursó estudios de Marketing Digital, Negocios, Coaching Educativo, Docencia e Investigación Universitaria, Digital Teaching y Programación e Implementación de Proyectos Educativos, entre otros temas.

Empecemos por el principio: ¿por qué los chicos tienen que ir a la escuela?

Van porque allí van a aprender a usar diferentes herramientas, a desarrollar su parte social y sus distintos sentidos que les permitirán desempeñarse en el mundo “real”. También es cierto que no necesitás formación o ir a una institución: podés estudiar perfectamente en tu casa. Pero, en definitiva, no vas por el contenido, vas por esas habilidades intelectuales y sociales.

Después de más de una década investigando cómo mejorar los cursos online y como papá: ¿La presencialidad puede ser emulada?

No se puede. No se puede emular la presencialidad porque la conexión humana y la transmisión de conocimientos es totalmente distinta. Porque hay gestos, hay expresiones, hay tonalidades y hay formas de enseñar que no se pueden transmitir desde una pantalla. Porque hay un montón de sentidos que no se transmiten y son parte de la enseñanza. Con la educación online sí hay un conocimiento que se absorbe, pero el aprendizaje es incompleto.

Todo el contenido está hoy en línea: ¿No sería más productivo enseñar a aprender y que la persona aprenda sola por internet?

No, porque no es bueno aprender solo. Uno puede saber leer o escribir, pero el aprendizaje debe incluir a los otros: debemos leer, interpretar y luego validar nuestra forma de pensar con los demás. Y para eso existe el aula y los cohortes: las diferentes camadas en las que vamos creciendo y aprendiendo.

Hoy los padres y las madres están poniendo a la educación en el centro. Pero más allá de la Pandemia: ¿Cómo ves vos el compromiso posible de ellos con la educación de sus hijos? Lo digo porque parte de la no presencialidad es qué hacés con los chicos cuando los padres se van a trabajar. ¿Qué tan diferente es en relación con otros países de Europa o Estados Unidos que has estudiado?

La diferencia con otros países es que el Estado da muchas más herramientas. En España, Alemania o Austria sería impagable tener a una persona en casa que cuide a nuestros hijos cuando salimos a trabajar. Pero el Estado te da otros beneficios. En Europa, las licencias son más extendidas y cuando hay confinamiento los adultos también trabajan menos para poder abastecer las necesidades de la familia. Por eso la Educación no es sólo el estado de una escuela: si hay estrés económico en la familia, los padres o las madres podrán educarlos menos. Y ahí también se sentirá el impacto. En definitiva, el padre o la madre y los hijos tienen otro lugar dentro de su familia y la educación está en la escuela, pero primero, siempre, está en la casa.

Pensemos dentro de 20 o 30 años: ¿Cómo habrá impactado que haya dos años sin clases?

La diferencia va a ser entre generaciones. Creo que los niños de hoy van a pagar un precio más caro por haber estado en el inicio de un cambio. La nueva normalidad hará que todos nos acostumbremos, pero la generación que estuvo en este cambio va a tener un decrecimiento en todos los aspectos.

¿En qué sentido será ese impacto?

Lo que menos importa acá es el tema de lo que aprendan, el contenido no tan esencial. Lo que un chico de primaria o secundaria lo aprende en un año, cuando sos grande lo incorporas en una o dos semanas. Acá el tema es tu postura, como te sentás frente a lo que aprendés, el componente psicológico, la experiencia de aprender. Eso sí tendrá un impacto contundente.

Todos hablan ahora de presencialidad y parecería que es la escuela del futuro: pero ¿cómo está la presencialidad? ¿No tiene que cambiar también?

Llevamos 200 años de educación tradicional con todos los pupitres mirando a un solo pizarrón. Y la revolución digital en los últimos 10 años cambió más que la revolución industrial en casi 100 años. No hay que saber ni pensar mucho para comprender que es obsoleta.

Empecemos a transformarla: ¿Cómo deberían estar ubicados los pupitres?

No debería haber pupitres, deberían ser mesas redondas, en grupos y trabajar por proyectos. La profesora, obviamente, siempre tiene que ser como cualquier mayor en la educación de un niño, el referente y guía. Siempre. Pero desde otro ángulo, no desde la autoridad, sino desde el acompañamiento, de la ayuda. Este rol es clave: por eso en los colegios Waldorf, el docente acompaña al alumno durante 7 años: no ve la foto sino la película: el desarrollo y la evolución. De otra manera es como si todos cambiáramos de médico de un día para otro. Es ridículo.

¿Es posible hacerlo?

Se empieza por un cambio de enfoque: no querer cambiar o desarrollar de afuera para adentro, sino de adentro hacia afuera. Hoy hacemos lo contrario: queremos meter contenido, contenido y más contenidos y no vemos qué hay en el interior de ese niño. Hay cosas muy obvias, por ejemplo: obligar a un chico escribir en un renglón fuerza a desarrollar mucho más la parte intelectual. ¿Pero qué pasa si le das una hoja en blanco, sin renglones y sin una birome, sino con algo que sea un poco más libre para el trazo? Ya no desarrollas solo el intelecto, desarrollas otras cuestiones. Por eso la educación actual, al menos, debería actualizarse.

¿Hay una diferencia real entre calidad educativa de escuelas para ricos y escuelas para pobres?

Si, siempre la hubo. Y no tiene que ver con el contenido ni con la intensidad. Es como si a un deportista los llevaras a un centro de alto rendimiento a entrenar o la canchita del barrio. Y no tiene nada que ver si es público o privado: hay países con 80% de estudiantes de escuela pública y es excelente. La brecha acá existe, incluso más allá de las dificultades que aprendemos.

¿Qué mensaje le darías a los papás hoy que están con esta angustia de que sus hijos no pueden ir a la escuela, pero tampoco puedan convertirse en docentes de la noche a la mañana?

No puedo darles esperanzas, pero sí un par de consejos. Primero, que no se abrumen por la pérdida de contenidos: eso podrá revertirse. Tomen esto como una gran oportunidad para cambiar la forma en la que estudian nuestros hijos, para recuperar el terreno perdido: la educación está en la casa y seguirá estando aún cuando se acabe la pandemia. Es increíble como está creciendo el homeschooling en el mundo y eso muestra que hay más voluntad. Falta mucho, 10 años para que se desarrollen.

¿Y respecto al desafío en sí de estudiar remoto?

Para aprender más, hay que tener la menor conexión posible a los dispositivos. Si empezás a sumar, hoy un chico de primaria está 6 horas conectado y es demasiado. A los 20 o 30 minutos pierden la concentración y empiezan a chatear, es totalmente improductivo, así que no hay que forzar cosas que no son.

¿Cuál sería la solución?

Hay que probar cosas nuevas, ser creativos. Ayudar a la escuela a serlo. Que el material se descargue y se pueda trabajar offline es una buena opción. En lugar de zooms también pueden hacerse radios, nosotros lo hicimos con padres y madres. Parecían las novelas de antes, pero los chicos imaginaban en lugar de ver, había una gran diferencia. Hay que hacer lo que mejor sabemos hacer los seres humanos: ser creativos.

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