Eduardo “Coco” Oderigo, de Espartanos: “El deporte y la espiritualidad es un mix imbatible”

Por Equipo Santander Post | 23-12-2021 | 7 min de lectura

El cofundador de la Fundación Espartanos cuenta detalles del proyecto que transforma a las personas privadas de su libertad mediante los valores del rugby y la oración. Cuáles fueron los mayores desafíos y su mensaje a la sociedad.

“Todo prejuicio se cae cuando uno ve”, afirma del otro lado del teléfono Eduardo Oderigo en conversación con POST. Una frase que refleja lo que él y los internos vivieron cuando se cruzaron y trabajaron juntos por primera vez.

En 2009, “Coco” pisó por casualidad (y la insistencia de un amigo) los pasillos de la Unidad Penitenciaria 48 en San Martín. Desde el primer paso “vio” una realidad que, para él, no podía seguir así. Por eso ideó y tomó un camino para mejorar y transformar la vida de las personas privadas de su libertad: el deporte.

De esta manera nace ‘Los Espartanos’ que se inició como un equipo de rugby formado por los propios encarcelados del Penal 48 y, luego, se convirtió en una Fundación que se diseminó en 21 provincias de la Argentina, participa en 68 unidades penitenciarias de 7 países en 3 continentes, y donde colaboran más de 650 voluntarios.

A continuación, la entrevista completa al cofundador del proyecto que hoy marca la historia de miles de personas.

¿Cuál fue la inspiración para crear la Fundación Espartanos?

Lo que me inspiró para ir a enseñar rugby y hacer la fundación después, fue una visita que tuve de manera casual a una cárcel. Un amigo quería que la conociera y, de tanto insistir, lo acompañé porque yo trabajaba en el Poder Judicial. Él quería que yo conociera todas las cárceles, cosa que no era así en ese momento. Lo que vimos no me gustó y, a partir de ahí, empecé a buscarle la vuelta para ver qué se podía hacer con las personas que estaban privadas de su libertad para que, cuando salgan, salgan mejores personas. 

Teniendo en cuenta que no era una práctica habitual dentro del penal, ¿cómo viviste el proceso de creación? ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

El primer desafío era lograr que los internos se involucren, que les guste y se apasionen por algo para que quieran más. A la par, trabajar junto con el servicio penitenciario que no estaba acostumbrado a que se hagan actividades de este tipo dentro de una cárcel y con esta aceptación después. Fue una lucha.

En 2009 conociste el Penal 48 de San Martín, lugar donde comenzó la vida de Los Espartanos. ¿Cómo era Eduardo antes de entrar al Penal y cómo es hoy tiempo después? ¿En qué te cambió?

Lo que hizo el penal cuando lo conocí en marzo de 2009 fue ampliarme la mirada. Di un paso y ya veía distinto. Di otro y seguía viendo distinto a lo que estaba acostumbrado. Esto de seguir caminando te hace ver de otra manera y la cárcel no fue la excepción. Es más, hoy por hoy, se multiplica. Sin dar paso yo, los demás lo empiezan a dar y es muy gratificante ver cómo se van logrando cosas todas las semanas. 

¿Qué es lo que el deporte les enseña a los internos? ¿Qué les da?

El deporte te da infinidad de valores que son de la vida. El respeto, el espíritu de equipo, la confianza, la perseverancia, la resiliencia. A través del deporte uno va aprendiendo a controlar y controlarse, a pensar en el otro, a necesitar del otro. El deporte es una herramienta enorme para lograr grandes personas.

Con estas enseñanzas, ¿cuáles fueron sus principales cambios? ¿Qué diferencia ves entre el Penal del 2004 al de hoy?

Los principales cambios tienen que ver con el cambio de mirada de ellos mismos con los demás. Antes eran extremadamente egoístas, pensaban en ellos y en nadie más. No les importaba nada. Entonces, hoy se fortaleció la mirada de pensar en el otro primero y ponerse ellos después. Esto se empezó a contagiar. Hoy los mayores cómplices que tenemos en todo esto, son ellos mismos que, sin que nosotros estemos, predican con su propio ejemplo.

Durante tus comienzos también se juntaban a rezar. ¿Por qué es importante la espiritualidad para las personas?

Durante cuatro años solamente fue rugby y entrenamientos. Luego de este tiempo, ingresó Damián Donnelly como voluntario y metió la espiritualidad con el rezo del Rosario. Hace 8 años que se reza en la cárcel y saqué la conclusión de que el deporte y la adrenalina te saca todas las broncas dentro de la cancha y, después, queda tu corazón abierto para poder expresar otras cosas. El deporte y la espiritualidad es un mix imbatible. 

Una de las patas de este proyecto es conectar con empresas para dar trabajo a las personas que salen en libertad. ¿Por qué crees que les dificulta conseguir un trabajo a quienes estuvieron alguna vez en prisión? ¿Cuáles son los mayores prejuicios que tienen hoy las marcas?

Es cierto que, en los primeros años, fue muy difícil que una empresa se anime a dar trabajo a alguien que estuvo privada de su libertad. Pero todo prejuicio se cae cuando uno ve. Y si uno ve el resultado de un trabajo de muchos años con personas que no van a “caretearla”, todo afloja. Entonces aquí aparecen quienes dicen: “Si, yo le daré una oportunidad y después vemos”. Así es como esas oportunidades aparecen. Lo cierto es que responden en su enorme mayoría muy bien. En el día de hoy hay 127 personas que han pasado por Espartanos y que están trabajando en casi 100 empresas. Eso habla de que, si tienen las oportunidades, las aprovechan.

¿De qué manera se pueden eliminar estos?

La manera es invitar a jugar al fútbol, rugby, a rezar, a dar un curso en las cárceles. Que la sociedad entera se meta dentro de las cárceles para que se pueda entender mejor. Encontrar la mejor herramienta para que estas personas, cuando salgan, no reincidan. Es pensar e ir más allá de lo que se ve. 

Por último, ¿qué mensaje o reflexión le dejas a la sociedad sobre quienes hoy están privados de su libertad?

Como mensaje final diría que hay que hacer lo correcto: en nuestro trabajo, la familia, amigos, en el club o donde sea. Y, sumado a esto, algo más. Este “algo más” cada uno sabrá dónde aplicarlo. Es impactante ver lo que se logra en un lugar donde pareciera que no hay tierra fértil, pero salen unos frutos impresionantes.

¿Y qué sería “hacer lo correcto”?

Hacer lo correcto es ser fiel en lo poco y no es fácil. No solamente ser honesto, sino ser íntegro. ¿Esto qué significa? Ser fiel con tu mujer, buen padre, buen empleado o empleador. Eso que se dice “buen tipo”. Eso sería hacer lo correcto. Y, encima de todo, incluir ese “algo más” porque con lo correcto todavía no alcanza para cambiar las cosas. Ojalá, algún día, lo alcance y lo alcancemos.

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