Emprender en familia: cuáles son los desafíos y los beneficios

Por Equipo Santander Post | 20-07-2020 | 4 min de lectura

Los expertos en la temática explican las ventajas de este tipo de compañías, donde se suelen mezclar las relaciones emocionales con las aspiraciones laborales. El diálogo, la herramienta fundamental para perdurar en el tiempo.

Emprender en familia es una de las maneras más conocidas y antiguas de iniciar un negocio. Tal es así que, en el mundo, el 80% de las empresas globales son de propiedad familiar. Y comenzar un proyecto desde cero junto a los ‘más cercanos’ parece a priori una tarea más sencilla de lo que realmente es. La idea de dejar un patrimonio a las siguientes generaciones es algo que motiva a muchas a hacerlo, y ya desde el vamos se genera una confianza extra por la cercanía que existe entre quienes la componen. Pero hay cuestiones que deben tenerse en cuenta.

Jaime Alonso Gómez es Ph.D en Economía y  Ciencia Administrativa, además de consultor de más de 100 empresas internacionales, y explica que en las empresas familiares conviven tres sistemas: el de los propietarios, el de la familia y el de la compañía en sí. Y sus integrantes pueden pertenecer a uno o a todos ellos, complejizándose más la relación.

Por su parte, Javier P. Faiwusiewiez, especialista en Pymes familiares, con una visión similar, menciona dos sistemas: el de familia, que tiene características únicas y se vincula con las relaciones emocionales, de cariño y de afecto; y el sistema empresa, con características profesionales, donde el dinero y el mérito juegan un lugar muy importante. “El desafío es poder unir ambos sistemas. Quererse, acompañarse, y al mismo tiempo tener una empresa firme, sólida, con crecimiento económico”, expresa.

Gómez explica que, por lo general, cada uno de los integrantes quiere cosas distintas. Los fundadores pretenden dejar un legado a la familia, una sucesión tranquila, armonía en la empresa y un crecimiento del negocio; mientras que los sucesores, en cambio, quieren materializar sus sueños con su propio estilo, una sucesión rápida, progresar rápido y claridad en los procesos de negocio.

Entre los desafíos que suelen enfrentar las compañías de este tipo están – según Gómez- el crecimiento de la firma, la sucesión en la empresa, la formación de la siguiente generación, cómo se enamora a los sucesores, los protocolos familiares y los órganos de gobierno de la empresa familiar. Asimismo, los lazos y las emociones jugarán un papel importante en el futuro de la compañía.

“Es muy lindo trabajar con las personas que uno quiere, que uno aprecia y conoce de memoria, pero también eso mismo es lo que puede generar en el futuro un conflicto”, manifiesta Faiwusiewiez. Por eso, agrega, el gran desafío es hacerlo de manera armónica, consensuada y conversada. Y para eso, cuando la empresa crece a un volumen de negocios en donde no puede haber un miembro de la familia en cada paso, o donde se necesita profesionalizar la gestión, o se precisa delegar algunas decisiones en un profesional; pueden contar con consultores externos de empresas familiares, quienes arman un protocolo que asegure la continuidad del negocio.

“Todo aquello que no se conversa y se aclara es un potencial problema en el futuro de la empresa. Entonces, lo importante, una vez que se decide emprender en familia, es abrir espacios de diálogos donde se pueda conversar sobre los procedimientos y las normas de la compañía”, añade.

Ventajas

La revista Forbes identifica varias ventajas competitivas para las pymes familiares. Una de ellas, por ejemplo, es poder dirigirse a un segmento de clientes más selectos y proporcionarles un trato personalizado. Otra es que un profesional difícilmente se vincule a un proyecto empresarial como se puede sentir vinculado a una empresa familiar bien gestionada, tanto en lo referente a las relaciones personales como al contenido del proyecto.

Además, las empresas familiares pueden tomar decisiones rápidas, sin burocracia, sobre la marcha. También, este medio destaca la versatilidad de la compañía familiar para reconvertir y cambiar su especialidad en función de la temporada o necesidades del cliente, del día a día, algo que no la tendrán nunca las grandes empresas. O mismo la estabilidad en quien la dirige, que permite establecer una estrategia coherente al tener los valores y visión de su fundador.

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