Por qué la innovación cívica llegó para quedarse

Por Equipo Santander Post | 11-05-2022 | 4 min de lectura

El ciudadano, apoyado en las tecnologías, tiene una mayor participación activa en la sociedad. Cuál es el rol y la oportunidad de los gobiernos y empresas.

Desde hace tiempo, la innovación, un concepto vinculado a los espacios científicos, empresariales o tecnológicos, sumó una nueva acepción que resuena cada vez más en el mundo. Se trata de la denominada “innovación cívica” que incluye la noción de ciudadanía, es decir a los ciudadanos que pertenecen a un Estado.

Federico Ast, Doctor en Dirección de Empresas en IAE Business School y fundador y CEO de Kleros, define a la innovación cívica como “toda idea, proyecto, tecnología que apuntan a modificar la forma en que los humanos tomamos decisiones en conjunto, nos gobernamos para tener métodos mejores y más eficientes”.

En este cambio o avance en la forma de concebir al ciudadano tienen un papel fundamental las tecnologías de la información (TIC) que, como explica la licenciada en Ciencia Política Karen de Bernard, “fueron consolidando nuevos mecanismos de participación ciudadana y les dieron una fuerte impronta a los procesos de innovación”. 

A su vez, De Bernard comenta a POST que éstos se encuentran relacionados “al desarrollo de capacidades cívicas, competencias y conocimientos que fomenten la deliberación pública y el trabajo en red entre distintos actores de la comunidad para la resolución de problemas sociales”.

En la misma línea, la licenciada recalca también cómo la evolución de esta herramienta se manifiesta y relaciona con una sociedad más comprometida: “A través de esta concepción, el espacio de lo público se ve robustecido, con una sociedad más activa, que no solo demanda soluciones a problemas públicos al Estado, sino que se involucra de manera activa en la resolución de los mismos”.

Formas de desarrollo

El ingeniero en Sistemas de Información y tutor de la Diplomatura en Seguridad Ciudadana de la Universidad Blas Pascal (UBP), Fabián Garófalo, considera que ha surgido “un nuevo ecosistema de tecnologías cívicas que proponen soluciones a las necesidades de la ciudadanía” y agrega de qué manera lo hacen: 

“Estas soluciones están vinculadas a la utilización de tecnologías digitales y los medios sociales para la provisión de los servicios de la ciudad; generación de compromiso ciudadano; uso de datos para el desarrollo, y la mejora de las políticas públicas basadas en evidencias y el análisis de la información para la toma de decisiones en la ciudad”.

La innovación ciudadana la pueden implementar tanto los gobiernos como las empresas y organizaciones no gubernamentales (ONG). Sobre los primeros, Ast explica que “tienen proyectos para mejorar su funcionamiento. Por ejemplo, cambiar los sistemas de votación de papel a urna electrónica y lograr que sean seguros”. En cuanto a los segundos, Ast, el CEO de Kleros, dice que una startup, por ejemplo, “puede desarrollar tecnología basada en blockchain para hacer más eficientes los sistemas de resolución de disputas, especialmente, en entornos internacionales”.

Más allá de todo esto, la innovación cívica tiene algunas limitaciones. Un artículo de la Fundación Haz reconoce que, entre los límites que las tecnologías cívicas tienen figura su poca utilización: “PorMiBarrio Montevideo, aunque es una referencia en América Latina, apenas canaliza el 1% de los reclamos que los ciudadanos dirigen a la Intendencia de la ciudad”.

El poder de la innovación

Garófalo considera que las tecnologías de la información cívicas “son las que logran empoderar y vincular al ciudadano a partir de promover procesos de cambio (innovación cívica), basados en una solución tecnológica (ecosistema tecnológico)”.

Por otra parte, agrega que son capaces de “incentivar la colaboración social, facilitar la participación ciudadana y generar soluciones abiertas y escalables, para la ciudadanía y las ciudades, estimulando a estas últimas en su camino de transformación hacia ciudades inteligentes”.

Para concluir, Garófalo destaca que las formas en que los ciudadanos actúan frente a estas transformaciones dependen en gran medida “del grado de comprensión y apropiación que hagamos de los medios que tenemos a nuestro alcance a partir de la inserción de las TIC en nuestra vida cotidiana. Nuestro día a día, como ciudadanos y la forma en que ejercemos nuestra ciudadanía, comienza a ser intervenido por el uso y prevalencia de las TIC”.

Como mensaje final, Bernardi resalta la importancia que tiene el trabajo en conjunto y equipo en una sociedad globalizada y mediada por las TIC: “Es de suma relevancia poder fomentar y consolidar espacios de construcción colectiva con una mirada desde lo local, que busque transformar desde lo comunitario soluciones colectivas ancladas territorialmente. Así, se pueden desarrollar propuestas de servicios, de procesos, sistemas, herramientas, dispositivos, aplicaciones móviles u otras estrategias, donde convergen la tecnología y lo material con la ciudadanía y el Estado”.

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