Papá ama a Ale

Alejandra Laucella

Referente de las Comunidades de Diversidad en Santander Argentina

13-07-2021 | 4 min de lectura

Hace un mes, estando en mi casa, escuché unas palabras que venían desde el comedor y llamaron mi atención. Era la maestra de la peque, en su clase virtual de primer grado, quien decía, como parte de un ejercicio, “Mamá ama a papá. Papá ama a mamá”.

Terminada la clase, ella se acercó a su papá y le preguntó “¿Por qué te separaste de mamá?”

No sé si fue la actividad de la seño la que la impulsó a hacer aquella pregunta, o simplemente una cosa llevó a la otra. Pero en mí quedaron resonando esas palabras y fueron disparadoras de diferentes reflexiones personales y de conversaciones familiares que en el pasado solo habíamos tenido tímidamente. 

La nuestra es una familia ensamblada que comenzamos a construir hace unos 4 años junto a mi pareja, su hijo y su hija. Mi título fue evolucionando. Primero fui “la amiga de papá”, luego pasé a ser “la novia de papá” y más tarde, cuando nos fuimos a convivir, fui simplemente “Ale”.

Cuando empecé a llevar a la nena a baile, algo despertó mi curiosidad. Me sumaron a un grupo de Whatsapp llamado “Mamás de danza”. El rol que cumplo yo en la vida de estas personitas se va construyendo día a día y también va creciendo, con muchos logros y aprendizajes. En mi caso no hay un título con el que empatice más que otro. Me siento feliz con un simple “Ale” o un “Te amo” seguido de un apapacho. Sin embargo, desde que comencé a trabajar en el equipo de Diversidad de Santander, fui aprendiendo sobre la importancia del lenguaje, y cómo éste es una herramienta para visibilizar lo diversos que somos en todos los aspectos. Y sobre por qué es necesario un lenguaje más inclusivo, que habilite, que abrace y que deje puertas abiertas.

Conocí también el concepto de “sesgos inconscientes”, aquellos pensamientos, prejuicios o preconceptos sobre personas o situaciones que hacemos de manera automática. No nos damos cuenta, nos atraviesan y luego, en función a ellos tomamos decisiones. Y la escuela es uno de esos entornos donde las y los chicos absorben como esponjas, interiorizando diferentes estereotipos y etiquetas, que muchas veces impactan negativamente. Lo sé. Es algo que sucederá siempre como parte de la construcción cultural colectiva. Pero es nuestro deber trabajar en conjunto como sociedad para reducir este tipo de sesgos.

A mis 12 años, cuando contaba que mi mamá era soltera, sonaba a sapo de otro pozo. Por suerte hoy, la diversidad de composición de familias es tan amplia como familias puedan formarse. Al igual que los roles de cada integrante, que van mutando, transformándose. 

Es por eso que celebro los espacios y conversaciones que estamos generando desde la organización y a su vez, soy consciente que tenemos todavía mucho camino por recorrer. 

En Santander se vive una transformación cultural 360 impulsada por personas. A través de distintas políticas e iniciativas, nos transformamos y, al mismo tiempo, transformamos al resto.

A mediados de 2020 nació el proyecto de Comunidades de Diversidad, con el objetivo de concientizar y promover la integración y la igualdad en Santander. Al principio creí que se resumiría en llevar adelante clásicas mesas de trabajo, pero no pude estar más equivocada. Comencé a vincularme a las comunidades de Género, Vulnerabilidad Socioeconómica, Discapacidad y LGTBQ+, y poco a poco fuimos articulando grupos de trabajo para identificar oportunidades emergentes o necesidades de estos colectivos y pensando juntos maneras de materializar estas mejoras. Cada encuentro es un espacio que da lugar a la reflexión y a la escucha, por lo tanto, el crecimiento es profesional y también personal. Mediante acciones de sensibilización para fechas clave como el 8M (día de la mujer), 28J (día del orgullo LGTBQ+) y 3D (día internacional de personas con discapacidad) aprendí infinidad de cosas nuevas, me nutrí de historias conmovedoras y tuve la posibilidad de conocer a personas maravillosas. Personas que, como yo, buscan cambiar el mundo desde el metro cuadrado que les toca.

Anhelo que estos nuevos roles puedan modificar las dinámicas sociales, trascender nuestros trabajos y llevar cada día más conversaciones a todos los ámbitos. Que puedan generar incomodidades sanas, que nos hagan valorar a las personas por lo que son, por su singularidad irrepetible y que permitan desarrollar actividades donde la consigna pueda ser “Mamá ama a mamá”, “Papá ama a papá”, o simplemente “Papá ama a Ale.”

Por Alejandra Laucella, referente de las Comunidades de Diversidad en Santander Argentina. Desde hace un año da talleres de diversidad con foco en sesgos, estereotipos y, actualmente, especializándose en la inclusión de personas con discapacidad y personas trans.

2 comentarios

  1. Anibal Napolitano dice: 2021-07-14

    Alejandra, soy de la generación en la que solo había matrimonios legalmente constituídos y aquellas mujeres separadas eran raramente vistas ( no tanto los hombres separados) , los hijos de los matrimonios separados terminaban siendo observados por el sistema como “bichos raros”. Pasaron varias décadas desde esos tiempos y gracias a Dios, hemos aprendido de a poco los más viejos a ver que hay tantas formas de familia como personas somos.

    Con los años vas dándote cuenta que es tan corto todo esto y dura tan poco que es como decían Los Beatles : ” al final el amor que recibes es igual al amor que das”.

    Gracias por el artículo.

  2. Melisa dice: 2021-07-14

    Me encanto!

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