El método ‘Walt Disney’, la técnica para ordenar tus sueños y hacerlos realidad

Por Equipo Santander Post | 30-08-2022 | 6 min de lectura

Renovar y mejorar la calidad del flujo de ideas es un aspecto fundamental a la hora de crear proyectos. Cómo y por qué sirve tener una técnica eficaz para organizar y materializar las ideas nuevas.

“No duermas para descansar, dormí para soñar. Porque los sueños están para cumplirse”. Este pequeño fragmento es posiblemente la frase más célebre del reconocido Walt Disney. El método para alcanzar dichos sueños, sin embargo, parece ser muchas veces un misterio. 

Disney, la gran compañía productora de historias, necesitó una fórmula para crear más y mejores relatos para materializar todas esas ideas creativas. Mal no le fue. Su éxito fue tal que, hasta el día de hoy, sus historias perduran en la cotidianidad de las personas, trascienden fronteras y se reflejan en cuentos antes de la cama o contenidos en su plataforma streaming

Jaime Torres, experto en Medios BTL y Content Marketing, explica a POST que Disney, anclándose en el concepto de “un rincón para imaginar”, instauró un método grupal eficaz para encauzar todo el proceso creativo de sus colaboradores que consiste de tres etapas: la soñadora, la realista, y la crítica. 

Se trata de una técnica recuperada, desarrollada y sistematizada por Rober Dilts, experto en Programación Neurolingüística, a mediados de los años 90. Cada etapa propone una forma distinta de aproximación al pensamiento creativo y, atravesarlas en dicho orden es fundamental para que la idea alcance todo su potencial, pero también para que sea viable.

Etapas del método Walt Disney

Dicha metodología ‘soñadora’, implica una serie de etapas que, de seguirlas, garantizarán la creación de una historia que desencadenará, tarde o temprano, en un proyecto fructífero:  

  • Pensamiento soñador

Toda nueva idea creativa arranca siempre llena de pasión y entusiasmo. La idea en esta fase es pensar sin límites, bordeando lo irracional: volar alto. Un soñador debe preguntarse: ¿qué quiero? ¿Qué solución se me ocurre para conseguir lo que quiero? ¿Cómo me imagino que es esa solución? y ¿cuáles son los beneficios de aplicar esa solución?

Los diseñadores de producto Luki Huber y Gerrit Jan Veldman sugieren en su libro Manual Thinking que es indispensable que todos los miembros del grupo en cuestión adopten el pensamiento soñador en simultáneo para debatir una determinada temática. Esto permite potenciar y abrir los posibles resultados de la instancia.

Dilts asegura que “estamos educados para ser realistas y críticos, pero vivimos en un mundo donde faltan soñadores”. La instancia que habilita a una persona a darle rienda suelta a su imaginación promueve la ambición y el coraje.

  • Pensamiento realista

Esta instancia plantea una suerte de despertar del ‘sueño rosa’, y pensar en qué colores debería ‘pintarse’ para ser real. Las preguntas son ¿cómo puedo aplicar estas ideas en el mundo real?, ¿qué plan de acción debo seguir para aplicar esta idea?, ¿cuánto tiempo me va a llevar?, ¿cómo debo evaluar el éxito o fracaso de estas ideas? 

Aunque despertar no equivale a dejar de soñar, en esta etapa constructiva se analizan las ideas idílicas planteadas en la fase del sueño, con una mirada más terrenal; no con el fin de desestimarlas, sino con la meta de llevarlas a cabo. “Se entra al campo de la lógica. Los participantes pretenden que las ideas de la fase soñadora sean posibles, y comienzan a generarse soluciones y propuestas para crear un plan y ponerlas en marcha”, relata Torres.

  • Pensamiento crítico

En esta etapa se revisan los puntos débiles de las ideas y posibles soluciones anteriores. Las preguntas que uno se hace son “¿qué fallos pueden tener las ideas que se nos han ocurrido?, ¿qué se nos escapó?, ¿por qué no las podemos aplicar: qué nos frena?, ¿qué flaquezas tiene nuestro plan? 

“En lugar de tener una discusión entre soñadores y críticos, toda esta información se pone en común y obtenemos de manera rápida una vista general con ideas deseadas, vías para hacerlas realidad y obstáculos por superar”, argumentan Huber y Veldman.

Eso sí, es crucial entender de antemano que la crítica no debería ser destructiva. Todo lo opuesto, su fin, es fortalecer la idea previa, dándole un chaleco antibalas, para cuando se tope con los verdaderos obstáculos del mundo real. En otras palabras: facilitarle la vía al éxito con un golpe de horno.

Ingeniería de la imaginación

El mismo Walt Disney inventó el término Imagineering para referirse al conjunto de todas las etapas mencionadas. Este está compuesto por “imaginación”, que alude a la etapa soñadora, en la que pensar fuera de la caja, tan alto como sea concebible, es la única consigna; y, también, “ingeniería”, que simboliza a las etapas realistas y críticas, y representa a la razón y al momento en que toca bajar a tierra los conceptos.

“La propia compañía de contenidos y entretenimiento lo describe como una fuerza única y creativa detrás de sus creaciones, ya sea en la división de contenidos multimedia, merchandising o parques temáticos”, revela a POST Torres.

Hoy, Walt Disney Imagineering es una división clave de The Walt Disney Company originalmente creada por el propio Walt Disney en 1952, con el nombre de WED (Walter Elias Disney). Al equipo a cargo de esta sección se los denomina “imagineers”, y obtuvieron más de 115 patentes en áreas que incluyen juegos mecánicos, efectos especiales, tecnología interactiva, entretenimiento en vivo y sistemas de audio como los populares audio-animatronics que se ven constantemente en los parques temáticos.

En definitiva, el método Walt Disney sirve para salir del estancamiento. Cuando en un equipo de trabajo no parecen haber respuestas o soluciones, esta técnica funciona como una descarga eléctrica para reanimar los niveles de creatividad y entusiasmo de cada uno de sus miembros. 

El punto fuerte del método son sus resultados: los participantes se sienten libres para expresar todas sus ideas, sin la necesidad de autoimponerse un filtro. Sin embargo, se diferencia del brainstorming en un aspecto esencial que también hace al éxito del método: los participantes se ven obligados a trascender el sueño, ponerlo a prueba, para proyectar su realización en tierra firme.

El Método Walt Disney combate y aleja al pensador de su estructura mental tradicional, para abrir la puerta a nuevas ideas y propuestas. Así, como también dijo alguna vez don Disney: “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo; recuerda que todo esto comenzó con un ratón”. 

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