Efecto avestruz, el síndrome de esconderse de las propias finanzas

Por Equipo Santander Post | 22-07-2022 | 5 min de lectura

Detrás de una mala decisión financiera, muchas veces se encuentra la poca -o nula- predisposición de las personas para prestar atención a la información que no les gusta. Por qué nace este comportamiento y cómo se puede combatir. 

“Ojos que no ven, corazón que no siente”. El reconocido refrán ya no solo se vincula con amoríos. Hoy, también, puede hacer referencia a una problemática que muchas personas tienen en común en sus finanzas: el ‘efecto avestruz’.

Se denomina de esta forma al sesgo financiero. Se le debe su nombre a la falsa creencia de que los avestruces esconden la cabeza en la tierra para ignorar el peligro o fingir que no existe como mecanismo de protección.

Aunque realmente estas aves no actúan así, la idea ha sido utilizada para describir una conducta que sí es usual en la economía personal y que podría ocasionar problemas y poner en peligro la salud y el bienestar financiero de las personas.

Según Santander.com, se trata de la tendencia que tiene el cerebro a ignorar información negativa en los momentos de riesgo o peligro, confiando en que todo va a salir bien sin necesidad de efectuar ninguna acción

Así, las personas suelen subestimar los posibles efectos negativos ante esta situación porque se basan únicamente en la información positiva que refuerza o confirma la idea de que todo se desarrollará según lo planeado. Este comportamiento también es conocido como sesgo de normalidad.

De dónde viene

El concepto de efecto avestruz fue acuñado en economía por primera vez en un artículo escrito en 2006 por los investigadores Dan Galai y Orly Sade, para describir a las personas que evitan conocer el riesgo de determinadas decisiones o situaciones financieras, es decir, que se esconden cuando las finanzas son adversas o poco favorables.

Un claro ejemplo para entender mejor su significado son los inversores en bolsa, que -según explican Dan y Orly- cuando el mercado se comporta de forma favorable, suelen revisar con frecuencia los indicadores económicos, mientras que cuando los datos son negativos, prefieren no consultarlos tan a menudo. 

Este comportamiento también se ve reflejado en las finanzas personales, cuando las personas tienen deudas que no pueden afrontar y prefieren no recibir información sobre el estado de sus cuentas, o cuando es necesario ahorrar y reducir gastos, pero prefieren no prestarle la atención suficiente a los ingresos de los que disponen.

Sus consecuencias

La actitud de ignorar los riesgos financieros que corren en determinadas situaciones no hace que estos desaparezcan, más bien todo lo contrario: podría afectar negativamente a la salud financiera. Desde Santander.com cuentan las principales consecuencias y son:

  • Tomar malas decisiones: Sin la información correcta o evitando conocerla es posible que la decisión no sea la más acertada. Un ejemplo de ello sería la gestión de los ingresos: caer en la tentación de las ofertas, o gastar más dinero en caprichos sin ser conscientes del estado real de las cuentas, podría disminuir la capacidad para pagar las obligaciones financieras (créditos, hipotecas, alquiler, facturas…), incurriendo en endeudamiento y deteriorando la economía personal.
  • Crear una bola de nieve: Las malas decisiones por ignorar la información útil podrían crear una bola de nieve que se vuelva cada vez más grande y complicada de controlar. Es el caso de las deudas. Utilizar las tarjetas de crédito, por ejemplo, sin tener en cuenta los plazos para abonar el dinero, los costos asociados del servicio (intereses, principalmente) y la capacidad de pago, podría generar una deuda difícil de asumir en el futuro. Además, dicha deuda podría aumentar si se sigue ignorando la información financiera y no se actúa correctamente para solventarla.
  • Incumplir los objetivos financieros: Ignorar los riesgos es una actitud que pone en peligro el cumplimiento de los objetivos. Por ejemplo, si la meta de una persona es el ahorro, pero no revisa el dinero que destina a ocio o el precio de los productos que compra en el supermercado, no podrá tomar medidas para disminuir estos gastos y destinará más dinero a las facturas y menos al ahorro, perjudicando su economía.

¿Cómo combatir el efecto avestruz?

Como suele ocurrir con los sesgos cognitivos, el primer paso para intentar contrarrestarlos es ser conscientes de su existencia. Así será más fácil evitar caer en aquellos errores de juicio que suele tomar el cerebro de forma automática ante ciertas situaciones. 

Lo siguiente es identificar y seleccionar con antelación cuál es la información necesaria que deben tener las personas como referencia cuando llegue el momento de decidir, independientemente de si se trata de algo negativo o positivo. Por último, es importante actuar a tiempo cuando la situación lo requiera y no dejar las decisiones financieras al azar o en manos de terceros.

En este sentido, la educación financiera es clave, aportando conocimiento y comprensión sobre los conceptos económicos, los productos financieros y las herramientas disponibles para tomar decisiones informadas, administrar mejor los recursos y no esconderse de las propias finanzas.

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