Del pequeño locutor al líder motivador: la historia desconocida de Daniel Colombo

Por Equipo Santander Post | 23-09-2021 | 10 min de lectura

Desde sus primeros pasos en su pueblo Maipú hasta convertirse en un reconocido facilitador y Máster Coach Ejecutivo. Cuál es su motivación e  inspiración a la hora de actuar y compartir sus conocimientos. 

“Si puedes imaginarlo puedes lograrlo. Si puedes soñarlo, puedes hacerlo realidad”. Se puede decir que la frase de Walt Disney refleja lo que fue la vida de Daniel Colombo. De imaginarse un estudio de radio y TV en un rincón en el galpón de su padre, a materializarlo luego en múltiples escenarios y producciones en su vida adulta. 

La vida de Colombo refleja un sinfín de historias que tienen como principal camino la comunicación. Radio, televisión, prensa, redes sociales y un sinfín de vías y caminos posibles hicieron la vida del hombre que hoy inspira, motiva y potencia a millones de personas. 

Hoy es Facilitador y Máster Coach Ejecutivo especializado en alta gerencia, profesionales y equipos; se desarrolla como mentor y comunicador profesional; es conferencista internacional; autor de 31 libros y LinkedIn Top Voice América Latina entre otros galardones.

A continuación, en una entrevista íntima con POST, revela la historia que lo convirtió en lo que es hoy:

Si tuvieras que definirte en una palabra ¿Cuál sería y por qué? 

Comunicador. Es mi pasión desde que tengo uso de razón. Cuando tenía 5 años, recuerdo que en mi pueblo, (Maipú, Pcia. Buenos Aires) mi padre -que era verdulero- almacenaba en un viejo galpón unas bolsas de arpillera, con las que luego embolsaba papa, para vender. Un día se produjo un pequeño incendio, y yo, en vez de ayudar, tomé raudamente una manopla de mi bicicleta, y comencé a “transmitir” para Telenoche (finales de los ’60). Además, en ese galpón tenía un rincón ambientado con lo que yo imaginaba que era un estudio de radio y TV al mismo tiempo (como si hiciese lo que hoy es streaming de voz y video al mismo tiempo), y pasaba largas horas jugando a esos medios, leyendo publicidades, etc.

¿Y cómo fue que trascendiste?

En el medio, varios premios y distinciones y algunas notas en medios de comunicación por aquel chico del interior que era locutor. “Como Cacho Fontana así de chiquito”, puso Revista Gente, por ejemplo.  También conduje el mismo programa que hacía en la radio de mi pueblo, en el viejo Canal 7 (blanco y negro), “Club de niños felices”, que fue el primer programa donde se emitió La Pantera Rosa. Mirando en perspectiva, veo a aquel Daniel de orejas grandes, pelo más largo y figura delgada y algo desgarbado, haciendo lo mismo, de otra forma e impactando en mayor cantidad de personas. 

En el año 1982 tuviste que presentarte a la milicia por la Guerra de Malvinas y te dirigiste a Ushuaia. ¿Qué recordás de esa experiencia? 

Ese año estaba haciendo el servicio militar en la base aérea de Tandil (provincia de Buenos Aires). Tenía 20 años; justo habían cambiado la edad de reclutamiento; mis compañeros eran de 18 años, y yo, dos más grande, debido a que en el medio estuve trabajando y quería ingresar a estudiar locución en Buenos Aires (cosa que logré, aunque después).

Recuerdo que fue un año duro, porque al triunfalismo del momento inicial, se agregó un aislamiento total durante varios meses; si bien digo que no estuve en la guerra propiamente dicha, como sí lo hicieron muchos compañeros de camada, sí lo sentí muy vívidamente. El salir de los aviones Dagger, de combate, diariamente; la noticia de que habían derribado a algún piloto, con los que convivía diariamente. Era angustiante. Pero, al mismo tiempo, la vocación siempre apareció por algún lado.

¿Y allí cómo se volcó tu vocación? 

Junto con dos colimbas amigos, José Colombo (mismo apellido, de Azul) y Sergio Varela (periodista profesional, de Buenos Aires), armamos un programa de radio que se enviaba grabado a las tropas para que lo escuchen en las Islas Malvinas. Se llamó “Jóvenes de nuestra generación”. Tuvo sólo dos episodios, porque en el segundo se nos ocurrió pasar la canción “Sólo le pido a Dios” de León Gieco, que en una de sus partes dice “…Que la guerra no me sea indiferente…”. Esa frase fue el detonante de que el comando que filtraba todo lo que llegaba a la isla diera de baja el proyecto. Estuvo bueno intentarlo. Para nosotros, fue descomprimir la angustia, ansiedad e incertidumbre propia del momento. 

¿Qué aprendizajes tomaste de esa época que te ayudó en tu vida posteriormente?

En este tramo de mi vida, la colimba en general, aprendí a no discriminar, porque en la compañía donde estaba éramos 200 pibes de 18 a 20 años, de extracciones completamente diferentes. 

Había un sentido de amistad muy fuerte; pienso hoy que fue producto del aislamiento, la lejanía con las familias, la crudeza del entrenamiento militar, que en esos años era realmente bravo. Todavía me recuerdo arrastrándome sobre un campo de cardos y ortigas. 

Aprendí que puedo crear un mundo propio a partir de mi pasión, con lo que haya, más allá de las circunstancias donde estaba. Y eso replicarlo, y transmitirlo. 

¿Cuándo fue que hiciste el “click” de pasar a tener tu propia consultora PR a ser un coach especialista en motivación y desarrollo profesional?

Surgió una oportunidad de ir a Ushuaia, la ciudad más austral del mundo (slongan discutido por muchos actualmente), y allí viví durante casi cuatro años, donde ayudé a armar el primer canal de cable de la ciudad; tenía un programa en Radio Nacional local, muy escuchado; escribía en el periódico; y conducía algún que otro evento. También hacía teatro en un grupo vocacional, donde me animé a actuar y a musicalizar (otra de mis grandes pasiones, hasta hoy).

Los sueños del locutor con carnet seguían vigentes. Un tiempo después, al comprar programación para pasar en el canal de cable (imagínense que era época de videocasetes, nada de satélites ni streaming), una de esas empresas proveedoras me invita a trabajar con ellos en Buenos Aires, Ledafilms. Y allí me radiqué en la capital, todo un símbolo para quienes venimos de orígenes humildes, casi pobres, diría. 

Y se me dio: pude estudiar locución, recibirme en COSAL; ser docente allí varios años. Y a la vez, trabajar en distribuidoras de programación para televisión, con las que viajaba por Latinoamérica y Estados Unidos vendiendo enlatados muy populares, como Alf, Robotech, Mi pequeño Pony y esas cosas. 

¿Y qué rescatas de esa época?

Fueron años muy intensos pero a la par sentí el profundo deseo de emprender. Ya tenía un pequeño estudio de producción de programas de radio (mi gran pasión) junto con un socio, y nos iba muy bien. Al poco tiempo, alquilé una oficina cerca de mi trabajo fijo, y durante un año iba a las 6 de la mañana, alternando hasta las 20 entre el sueldo fijo y el inicio del emprendedor, con lo que fue una pequeña agencia que daba servicios a estas distribuidoras de programas de televisión enlatados. 

En una hiperinflación de aquellos años literalmente me fundí; y casi al mismo tiempo, uno de mis grandes mentores, Alberto González, me invita a participar de la creación de los primeros canales satelitales de cine (Space, I-Sat, Infinito) y tantas marcas más. Me integré a ese equipo de lo que fue Imagen Satelital, su empresa, hasta que la vendió al grupo Cisneros, y éste, a Turner. Tras la venta de la empresa, justo el día de esa firma de traspaso de acciones, me convocaron a trabajar en Cinecanal, Movie City y otras marcas; una empresa multinacional, LAPTV, con sede en Atlanta. Allí fui Gerente de Marketing varios años con responsabilidad sobre Argentina y países limítrofes. Con otra mentora que también me marcó: Emilce Cebrián. 

Y es ahí cuando nace la consultora PR… 

Exacto. Siempre tuve la inquietud por comunicar, por conectar, tender puentes. Y justo eso es lo que abrió la puerta a conocer a mi primer socio, Tomás Paschkus, y fundamos Colombo-Pashkus.  Estuvimos 16 años trabajando y creciendo; y luego decidimos separarnos, y continué en esa actividad por 4 años más, hasta que en 2012 tuve un episodio muy grave de salud, que entiendo que fue provocado por el estrés sostenido en el tiempo (Síndrome de Burnout). Salí muy bien de ese episodio, aunque tuve que elegir qué camino tomar. 

¿Y cómo te llegó el universo del liderazgo? 

Venía formándome por interés personal en facilitación de procesos de cambio; tomaba seminarios, participaba de congresos. Y allí descubrí mi vocación por comunicar motivación, liderazgo, lo que hoy se popularizó como coaching. Y a eso me dedico actualmente: el coaching de CEOs, ejecutivos y equipos de trabajo en Iberoamérica; a la vez, como speaker, doy unas 90 conferencias al año; y empecé a escribir en 2004, y ya hay 31 títulos publicados. Están en librerías, Amazon y Mercado Libre; algunos traducidos al portugués, y también como audiolibro.

Hoy sos experto en motivación y motivás a las personas y… ¿cuál es tu motivación? ¿Qué te motiva o moviliza a hacer lo que haces hoy? 

Motivar es, sencillamente, “tener motivos”. Todos los días creo mis motivos internos para despertarme y vivir el mejor día posible. Sé que puede parecer una frase hecha, aunque tuve que trabajar mucho en mi para alcanzar este estado actual.

Era bastante cerrado, malhumorado, prejuicioso, con tendencia a la nostalgia y al apego por el pasado. Muchos años de psicoterapia de por medio, además de los entrenamientos (he hecho más de 800 horas de formación específica hasta ahora), me permitieron cambiar 180° mi forma de ser y mi visión del mundo, de quien soy, de mi misión y de los demás. 

Por eso es que aliento siempre a que cada uno encuentre sus motivos por los cuales seguir adelante. 

¿Qué es lo que esperas de las personas cuando escuchan, leen o experimentan un contenido tuyo?

No es posible complacer ni que lo que hacés le guste a todo el mundo. Por eso no espero demasiado; me he desapegado de las expectativas sobre la gente, las cosas. Por lo que simplemente entrego lo que, desde mi perspectiva, puede agregar valor a las personas. 

Sí pongo mucho énfasis en que sean herramientas prácticas (no académicas ni teóricas); y, como condición, todo lo que transmito lo he vivido, experimentado y probado antes en mí. Puede ser por eso que a miles de personas les gustan los contenidos. 

Me siento afortunado de poder trabajar en lo que me apasiona, y si eso ayuda a transformar en algo el mundo en el que vivimos, mucho mejor.

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