Cómo piensan y actúan las generaciones contemporáneas

Por Equipo Santander Post | 09-03-2022 | 6 min de lectura

Con una mentalidad más abierta, las jóvenes proponen una mirada distinta sobre la realidad, instalando nuevas formas de comportarse, prioridades e intereses. Conocé más sobre ellos.

¿Qué distingue a las jóvenes de ahora respecto a las generaciones de antes? Sin dudas, algo que ha caracterizado a los Millennials  y Centennials es haber puesto en discusión un montón de estructuras y creencias que venían arrastrándose desde hace años y que el grueso de la sociedad consideraba como “normales” o lo que “debían hacerse”.

Antes, permanecer 25 años en una misma compañía era visto como algo meritorio, y hoy posiblemente se lo asocie con una cuestión de comodidad o miedo a afrontar nuevos desafíos. Antes, lo más frecuente era formalizar una familia y casarse antes de los 30, y hoy hay millones de jóvenes que no tienen en sus planes tener hijos.

Está claro que la ‘sangre nueva’ vino a romper paradigmas sobre el trabajo, la familia, la tecnología, el género y la sexualidad. Por eso, POST dialogó con Gabriela González Alemán, neuropsicóloga y directora ejecutiva en Brainpoints, y con María Laura Ríos, coordinadora y cofundadora del  Equipo Psicólogos TCC; para que profundicen sobre cómo ha ido evolucionando la mentalidad y la forma de comportarse de la sociedad.

Sobre el empleo

González Alemán señala que hace algunas décadas el hacer carrera e ir creciendo en una misma empresa “era un concepto muy potente”. Sin embargo, hoy  no existe ese “arraigo al puesto de trabajo como antes y quizá, se priorizan otras cuestiones como vivir experiencias nuevas”. 

Ríos coincide en que los jóvenes en la actualidad se toman el trabajo de otra forma: “Ya no se busca tanto ascender, ya que esto puede llevar mucho tiempo e incluso no suceder, sino que se tiende a cambiar de empleo constantemente de acuerdo a desafíos previamente planteados. Cuando un empleo ya cumplió con sus expectativas o sienten que pueden ser más valorados en otro espacio, buscan otro trabajo”.

En una misma línea, González Alemán dice que, en la actualidad, muchos jóvenes tal vez terminan inclinándose por una empresa en la que ganan menos, pero cuenta con un mejor clima laboral, más libertad o posibilidades de hacer actividades al aire libre;  son cuestiones que forman parte del famoso “salario emocional” del cual hoy tanto se habla.

Por otro lado, explica que no solo las nuevas generaciones valoran la flexibilidad, sino también las propias empresas, que buscan empleados que tengan “la capacidad de adaptarse rápidamente a situaciones cambiantes y la habilidad para generar múltiples soluciones para un mismo problema”. 

Género

Ríos sostiene que en los últimos años se ha visto una evolución respecto a este tema: “Por ejemplo, con una mayor diversidad de género en roles/puestos laborales o institucionales, que antes estaban ocupados casi exclusivamente por hombres”.  También profundiza que se fueron modificando las expectativas sociales según el género, dejando de lado estereotipos y otorgando mayor visibilidad a los diferentes estilos de vida existentes en la modernidad. 

Vinculado a esto, González Alemán describe que hoy, por ejemplo, se observan comentaristas de fútbol mujeres, chicas que juegan al fútbol o ven partidos con los varones, cuando antes no era tan frecuente. Por otro lado, los hombres pasan más tiempo con sus hijos, les dan de comer, disfrutan de su crecimiento.

Donde Ríos observa una mayor tolerancia y cambios es en las posibilidades de identidad de género, de orientación sexual, de estilos de relaciones afectivas diferentes al tradicional, representación legal y jurídica para grupos de vulnerabilidad, representación adecuada en los medios masivos de comunicación, atención y modificación de la sobresexualización de ciertos actores sociales, entre otros. De todas formas, considera que estamos “en un proceso de cambio” y que, aún, “queda mucho trabajo por delante”.

Independencia y familia

Ríos señala que cada vez más jóvenes postergan el irse a vivir de forma independiente, sobre todo por la dificultad económica que experimenta el país. “Sin dudas, una de las grandes dificultades del joven de hoy es a la hora de acceder a una vivienda o alquiler. Eso complica el irse de casa a temprana edad como en otras épocas”, argumenta. 

En caso de hacerlo, según la mirada de Ríos, la capacidad de ahorro puede ser muy limitada o nula, y la calidad de vida puede verse afectada. “En muchos casos no queda otra alternativa que extender el período de convivencia con el propio grupo familiar”.

En cuanto al modelo tradicional de familia, cree que “se están incorporando otros modelos de vivir”. Explica que la amplitud de puestos de trabajo, la posibilidad de poder continuar capacitándose y profesionalizarse en ciertas áreas, “influyen en que este modelo de familia y hogar cambie”. En esa línea, afirma  que cada vez más gente elige si tener o no hijos, o postergan la decisión para más adelante.

Tecnología

González Alemán expone que la gente mayor suele “resistirse con la tecnología y muchas veces no saben usar  los nuevos dispositivos porque les cuesta poner en marcha las habilidades necesarias”. Explica que todo lo distinto es percibido por la persona como una amenaza, ya que esto dispara mecanismos que son muy arcaicos y activan respuestas de lucha o huida, vinculadas al peligro. 

“Cuando los mayores evitan el uso de la tecnología o la critican, actúan de acuerdo a estos circuitos. Por eso, el común de las personas se resiste a los cambios y quiere que todo sea como fue siempre. Lo mismo les pasa con los avances tecnológicos”, dice Alemán. Por ejemplo, prefieren pedir turnos por teléfono y no por la web, tener plata en efectivo, pedir pedidos de comida delivery por teléfono y no usar las aplicaciones; entre otros.

Por su parte, Ríos observa que la gran diferencia entre los jóvenes y los adultos respecto al uso de la tecnología radica en la “frecuencia y la intensidad” con la que lo hacen: “Los jóvenes utilizan la tecnología de manera constante, con un amplio abanico de plataformas. Son nativos digitales, crecieron con ellas y su uso se encuentra naturalizado. De esta manera, pueden adaptarse a los avances tecnológicos de manera más instrumental”.

Si bien ya se venían generando cambios, la pandemia terminó de romper estándares que estaban en el centro de la lucha entre generaciones y que permitieron instalar nuevos parámetros, formas de comportarse, intereses, prioridades y valores. 

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