Baby Boomers vs. Millennials: qué aprende cada generación de la otra para liderar la empresa familiar

Por Equipo Santander Post | 15-11-2022 | 7 min de lectura

Con sus pensamientos y hábitos, cada una de las generaciones aportan diversas concepciones en el trabajo que enriquecen a las compañías. Que tiene cada una para dar y claves para entenderlas.

Una generación aprendió que hay que vivir para trabajar. La otra, que hay que trabajar para vivir. Los más experimentados ven el trabajo como sacrificio y, los más jóvenes, como disfrute. Estas (y muchas más) separan a la esencia de los baby boomers y millennials que, juntos, llevan adelante hoy sus empresas familiares. 

Para comenzar, y en palabras de Juan Carlos Valda, Consultor y Director de Grandes Pymes, primero no se debe comprender las diferencias desde una “velada boxística” donde en un rincón está el campeón de la empresa, el fundador y en el otro, el desafiante, el milennial.

“Ambos encarnan distintos momentos de la vida de la empresa, cada generación es el resultado de un cúmulo de experiencias de vida, cultura, educación, contexto político, económico y social. Todas estas fuerzas van moldeando la manera de ver la vida de ellas y como el mundo es tan cambiante, es absolutamente lógico que las distintas generaciones sean diferentes, dado que deben resolver distintos desafíos”, detalla en entrevista con POST.

Beautiful business people are using a laptop, discussing affairs and smiling while working in office

Esta explicación pone en manifiesto que será importante pensar las diferencias no como “caprichos y meras ‘peleas de egos’” sino como dos modelos de vida: “Uno que lucha por sobrevivir en un contexto cada vez más complicado y que le demuestra que los factores de éxito del pasado ya no son más efectivos como lo fueron. Y otro que intenta demostrar que las nuevas condiciones exigen nuevas respuestas”, comparte Valda.

Las diferencias

Comprendido esto, se empiezan a desplegar las características de ambas generaciones que -sin ser una mejor o peor que la otra- permiten conocer de lleno cómo son, actúan y piensan y así, comprender sus decisiones o acciones. 

“Aquí es donde se despliegan muchas diferencias, sobre todo porque los cambios de paradigmas se aceleran cada vez más. Tienen otra mirada con respecto a las formas de trabajo, a los estilos de liderazgo, por ejemplo, porque ellos no buscan el control, sino que miran los resultados y esto es un gran aporte a la empresa”, comparte Martín Quirós, consultor de Pymes y Empresas Familiares.

Por otro lado, el especialista revela que, muchos millennials, tienen una mirada mucho más amplia con respecto a género y diversidad y más “natural”. “Esta generación está yendo con todo a romper paradigmas. Así como hace 20 años un empresario no tomaba a una persona con aros o tatuajes, hoy, gracias a los aportes que han ido haciendo las generaciones entrantes, y los millennials en particular, es algo que ya casi no se mira o se cuestiona”, explica.

Para el consultor Valda, existe una relación que muestra muy claramente los diferentes enfoques de ambos estilos de vida, que se puede ver en la siguiente imagen:

Si bien es cierto que -detalla el especialista- dependiendo de la edad de quien mira el cuadro, uno puede orientarse más a una columna que a la otra, aconseja que se debe pensar en términos de “identificación personal o de afinidad, pero no de superioridad de una sobre la otra” y comparte cuál de todas esas diferencias es la que más impacta en el trabajo día a día:

“Creo que de todas las visiones distintas la que más me impacta siempre es la que marca que el trabajo para los millennials es un medio para alcanzar otros fines (calidad de vida, independencia, desarrollo profesional, desafíos de crecimiento) y no un fin en sí mismo como lo era para los baby boomers quienes realmente (y sin dudas) vivían para trabajar”, afirma.

Qué deben aprenden una de otra

Celebrar la diferencia (y sobre todo hacerla convivir) es la mejor ecuación productiva para ambas generaciones. Así lo ve Carolina Pérez-Iñigo, CEO Single Family Office Celta Inversiones, que afirma a POST que, para que sea fructífero, debe haber “mucha humildad” y sobre todo, “ganas de construir un proyecto conjunto, que despierte la pasión en las nuevas generaciones”. 

Así es cómo cada una de ellas dejarán al otro su mejor versión y lo que son. Para Pérez-Iñigo, a los jóvenes se les agradece “su energía, la valentía para lanzarse a lo desconocido, las ganas de innovar y la posibilidad de ver las cosas con una perspectiva más libre, sin prejuicios, por ejemplo”. 

Todas estas cualidades -aclara la especialista- son un turbo para la empresa cuando se “combinan virtuosamente con la prudencia, el juicio crítico, la experiencia acumulada de los más grandes” y, además, todos los integrantes de la familia empresaria comparten valores fundamentales como la ética, la responsabilidad, la excelencia y el amor por el esfuerzo y el trabajo bien hecho.

A su vez, para Quirós, lo primero que debe aprender cualquier generación entrante de los fundadores es la importancia de ver lo conveniente y no lo justo. “Los fundadores y fundadoras han sido capaces de desarrollar un gran pragmatismo que les permitió saber qué cosas dejar pasar y cuáles no en pos de ciertos resultados”, justifica. 

Por otro lado, para Valda, las generaciones fundadoras tienen mucho que aprender también. Uno de esos aprendizajes -detalla- es reconocer que en la vida hay un momento para cada cosa y que, como en una obra de teatro, hay roles para todos los actores. “Así como la mejor obra es aquella en la que cada uno de los participantes tiene su momento y espacio para brillar, así mismo ocurre con las empresas familiares. Hay un momento para aprender y crecer, otro para gerenciar, pero también otro para dirigir”, comparte.

La clave de la convivencia y consejos para lograrla

Para que esta sinergia sea posible y ambos logren una combinación perfecta, será primordial la convivencia. Una buena convivencia intergeneracional es, como muy bien define la CEO Single Family Office Celta Inversiones, “el elemento medular de una sucesión exitosa”.

“Aprender a convivir implica aprender a respetarse, a reconocer las virtudes del otro y a aceptar que no siempre tenemos la razón. Implica, también, saber que en una batalla no justificada puede haber heridas que nunca más pueden sanar y que, por lo tanto, no es necesario pelear en toda contienda. Es mucho más inteligente saber cuáles son aquellas en las que si o si debemos hacerlo”, argumenta Valda.

Así es como cada una de las dos generaciones deben aprender una de la otra y conocer que, pese a las diferencias, hay un objetivo en común: ambas trabajan para el bien de la empresa familiar y para mantener la compañía en la familia.

Con esta mira, el Director de Grandes Pymes deja algunas buenas prácticas para lograrlo y hacer que esta convivencia sea única y fructífera: 

  • No deben creer que solamente están en el camino correcto los que piensen como ellos (válido para las dos generaciones)
  • No descalificar por cuestiones de edad (por joven o por mayor)
  • Escucharse para comprender 
  • Valorar los logros del otro 
  • No competir, sino trabajar en conjunto
  • No intentar que el otro sea un clon de uno mismo
  • Reconocer las diferencias y aprovecharlas.

Como cierre, Valda deja un último consejo vital para que, sea la generación que sea, la armonía, el progreso y la alegría sea predominante en la empresa familiar: “Será muy importante ser conscientes de que en la empresa familiar cada generación debe de trabajar para la siguiente, por lo tanto, tiene la obligación no solamente de formarla sino además, de darle la posibilidad de crecer y desarrollarse”.

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